Facebook en el mundo real

Menudo movimiento ha habido estos últimos días con las nuevas condiciones de uso en Facebook, publicadas hace apenas dos semanas. Los nuevos términos venían a decir que el material publicado en nuestro perfil de usuario quedaba en manos de la empresa para cualquier propósito, incluyendo la publicidad comercial. Tal ha sido el revuelo, que el propio Mark Zuckerberg, fundador de esta conocida red social, anunciaba el pasado martes que la empresa decidía volver a las condiciones previas.

La cuestión de la privacidad en las redes sociales está de actualidad. En principio, es algo que no debería preocuparnos demasiado, siempre y cuando protejamos adecuadamente el material que publicamos, procurando que sólo puedan tener acceso a él las personas a las que previamente autoricemos. En cambio, poco se puede hacer si uno deja su teléfono y dirección, o su fotografías más personales a la vista de todos; algún insensato hay. Pero incluso tomando todo tipo de precauciones en este aspecto, es lógico sentirse molesto por no poder controlar lo que otros puedan decir o publicar sobre nosotros en la Red. Y me refiero a comentarios que puedan invadir nuestro espacio más privado. Pero también estaremos de acuerdo en que es algo que tampoco podemos controlar totalmente en el mundo real.

La manipulación que otros usuarios puedan ejercer sobre nuestros datos nos preocupa, pero ¿qué hay del uso que pueda hacer de ellos la empresa que los alberga? Todos los detalles al respecto están redactados en las condiciones de uso, que todos deberíamos leer antes de finalizar el registro en algún servicio en Internet. La pregunta es: ¿alguien las lee? Algunos desconocen incluso la existencia de tales condiciones. ¿Qué sentido tiene entonces que los usuarios se quejen de la falta de privacidad de sus datos frente a otros usuarios, si previamente ellos mismos han otorgado a la propia empresa que da el servicio todos los derechos sobre éstos, incluso para su reproducción pública con fines comerciales?

Esta semana escuché un comentario en Twitter muy acertado. Se preguntaban porqué la gente acepta este tipo de condiciones de uso, cuando nunca lo harían si Facebook fuera un tipo de servicio F2F, cara a cara, en el que, por ejemplo, el vendedor nos comenta tras el mostrador estos mismos términos de uso por parte de la empresa de todo el material que le entregamos.

Imaginemos por un instante que Facebook contara con este servicio de atención al cliente (cara a cara), como el que nos ofrecen nuestra operadoras móviles en sus tiendas o, por ejemplo, en una agencia de viajes. Nos dirigiríamos a esta tienda, situada en alguna calle de nuestra ciudad, para darnos de alta como usuario. Llevaríamos con nosotros un álbum con nuestras fotos digitalizadas en un CD para que nos las publicaran (podríamos llevar incluso nuestro álbum tradicional, el de libro). Y en algún momento de la conversación con el empleado que nos atiende, éste nos informaría de las condiciones de uso del material que acabamos de entregarle:

«Le comento que al publicar el contenido en cualquier parte del sitio, usted otorga automáticamente a la compañía una licencia irrevocable, perpetua, no exclusiva, transferible, plenamente desembolsada y mundial (con derecho de sublicencia) para usar, copiar, reproducir públicamente, mostrar públicamente, reformatear, traducir, obtener extractos (totales o parciales) y distribuir su contenido de usuario para cualquier fin, ya sea comercial, publicitario o de otro tipo, en relación con el sitio o la promoción del mismo, para preparar trabajos derivados de dicho contenido de usuario o incorporarlo a otros trabajos, y para otorgar y autorizar sublicencias de lo anterior. Además si decide retirar tu contenido de usuario, la licencia otorgada conforme a lo dispuesto anteriormente quedará automáticamente revocada. No obstante lo anterior, reconoce que la compañía podrá conservar copias archivadas de su contenido de usuario

¿Aceptaríamos tales condiciones si nos las “recitaran” tras el mostrador de una tienda? Más de uno cogería su álbum entre las manos y saldría corriendo. Al menos, no creo que 150 millones de personas (los usuarios que tiene Facebook) estuvieran de acuerdo con ello.

Y es que estas eran las anteriores condiciones de uso en Facebook de las que tanto se ha hablado.

Todo en Internet está «a unos pocos clics», los trámites se pueden llevar a cabo de una forma fácil y prácticamente instantánea. Aun así deberíamos tomarnos siempre nuestro tiempo para leer a que nos estamos comprometiendo, y de vez en cuando, convendría imaginar la misma situación en el mundo real, para pensar si actuaríamos de igual modo.

* Foto: Mark Zuckerberg de Andrew Feinberg.

3 Comments

  1. Hola Enrique,

    Nadie se las lee y nadie se las leerá, nunca. Como nadie se lee todos los términos y condiciones del contrato de acceso online a mis cuentas del banco, por ejemplo. Si me lo hubiera leído seguramente tampoco lo habría fimado.

    Para estas cosas se han inventado los servicios profesionales – alguien que se lo lea y alerte al resto…

    Un saludo

    Jaime

  2. Totalmente de acuerdo Jaime. Me parece muy acertado contratar un servicio profesional para el ejemplo que comentas, el de acceso online a un banco. Al fin y al cabo se trata de algo de gran importancia y que, en principio, no haremos tantas veces en nuestra vida.

    Yo particularmente me refería a este tipo de servicios, redes sociales y demás, en los que nos registramos continuamente (en ocasiones sólo para probar, porque son la novedad) y en los que compartimos información también de carácter personal.

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